Esteban Bullrich habla sobre el miedo a la muerte y cuestiona a Milei: “Me preocupa profundamente la forma de ejercer el poder”

Esteban Bullrich busca unir las partes de un país quebrado por la polarización política extrema. El exsenador encontró en la sensibilidad que produjo su diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) el terreno para instalar un discurso reñido con la época: “La confrontación puede ayudar a ganar una elección, pero nunca será suficiente para construir una nación”.
Mientras la enfermedad avanza, depredadora, sobre su cuerpo, el exministro de Educación de Mauricio Macri desnuda –en una entrevista con Clarín– las vulnerabilidades de un hombre joven que necesita de un otro para hacer prácticamente todo. Con la ayuda de la tecnología y de sus enfermeros, reflexiona sobre el miedo a la muerte, revela cómo cambió su fe desde que fue diagnosticado en 2021 y cuenta qué le enseñó esta nueva forma de comunicarse con los ojos.
Bisnieto del fundador de Patio Bullrich, primo lejano de Patricia Bullrich, y con una carrera política que arrancó con la crisis de 2001, también opina sobre la gestión de Javier Milei, a quien le reparte críticas y elogios. “Me preocupa profundamente la forma de ejercer el poder”, cuestiona, aunque destaca su “coraje para enfrentar problemas estructurales que la Argentina viene postergando desde hace décadas”.
El miedo a la muerte, la relación con Dios y la vulnerabilidad
─¿Qué descubrió en esta nueva etapa que antes, cuando tenía el control de tantas cosas, no había podido descubrir?
─Descubrí que no necesito controlar mi vida para darle sentido. Durante muchos años confundí hacer con ser. Hoy, cuando prácticamente no puedo hacer nada por mí mismo, descubrí que puedo seguir amando, acompañando y sirviendo. También aprendí a contemplar. Antes miraba mi jardín; hoy lo contemplo en silencio. Y esa diferencia es enorme. Descubrí una paz que no conocía y una relación con Dios mucho más profunda. La enfermedad me quitó muchas libertades, pero me enseñó que existe una libertad interior que nadie puede quitarme.
─Habló del miedo que sintió al enterarse de la enfermedad. Con el tiempo, ¿ese miedo cambió de forma? ¿Hay algo que hoy sabe y que esa persona recién diagnosticado no podía saber?
─El miedo cambió. Cuando recibí el diagnóstico tenía miedo de morir, de perder mi independencia, de no poder hablar y de convertirme en una carga para mi familia. Hoy muchas de esas cosas sucedieron y, sin embargo, sigo encontrando razones para agradecer cada día. Descubrí que somos capaces de soportar mucho más de lo que imaginamos cuando nos dejamos amar. No desapareció el miedo, pero dejó de gobernarme. Aquel Esteban no sabía que podía encontrar tanta paz en medio de tanto sufrimiento. Hoy sé que Dios nunca me soltó la mano.
Esteban Bullrich presentó su último libro en la Facultad de Derecho UBA.-¿Pero hubo algún momento en el que sintió que su fe flaqueaba?
─Por supuesto. Cuando recibí el diagnóstico me enojé mucho con Dios. No entendía por qué me pasaba esto. Con el tiempo comprendí que estaba haciendo la pregunta equivocada. Dejé de preguntarme por qué y empecé a preguntarme para qué. No creo que Dios me haya mandado esta enfermedad. Creo que me acompaña mientras la atravieso. La fe no elimina las preguntas ni el sufrimiento. Nos permite vivir con ellos sin perder la esperanza. Hoy no tengo todas las respuestas, pero tengo algo mucho más importante: la certeza de que no estoy solo.
─¿Qué le enseñó esta nueva forma de comunicarse con los ojos sobre la palabra, sobre escuchar y sobre lo que realmente importa decir?
─Cuando cada palabra exige un esfuerzo enorme, aprendés a elegirlas con mucho cuidado. Antes hablaba muchísimo y probablemente escuchaba menos de lo que debía. Hoy descubrí que escuchar es una de las formas más profundas de amar. También aprendí que el silencio puede comunicar muchísimo. Una mirada, una sonrisa o simplemente estar presente pueden decir más que un discurso. Mis enfermeros me ayudan a transformar mis ojos en palabras, y eso me enseñó que la comunicación es, fundamentalmente, un acto de amor. Hoy intento que cada palabra valga la pena.
Esteban Bullrich participó de la maratón 21k en la ciudad de Buenos Aires. Foto: Federico López Claro.─¿Y su forma de ver el mundo cómo cambió desde que fue diagnosticado?
─Cambió mi relación con el tiempo. Antes vivía pensando en lo que tenía que hacer mañana. Hoy aprendí que la vida es hoy. También cambiaron mis prioridades. El éxito, el reconocimiento y el poder perdieron importancia frente al amor, la familia, la amistad y la fe. Descubrí que la verdadera grandeza no está en lo que acumulamos, sino en lo que entregamos. Y aprendí algo fundamental: todos somos vulnerables, aunque algunos tardemos más en descubrirlo. Esa vulnerabilidad compartida debería hacernos mucho más humildes, solidarios y capaces de perdonarnos.
Las críticas al estilo Milei y su relación con Macri
─¿Qué valora y qué le preocupa del estilo y de las decisiones del Gobierno? ¿Su manera de confrontar es lo que el país necesitaba o es parte del problema?
─Valoro que el Gobierno haya tenido el coraje de enfrentar problemas estructurales que la Argentina viene postergando desde hace décadas. El equilibrio fiscal, la lucha contra la inflación y la necesidad de ordenar la economía son objetivos fundamentales. No podemos construir un país justo sobre una economía permanentemente desordenada. Pero me preocupa profundamente la forma de ejercer el poder. Creo que el Presidente confunde muchas veces firmeza con agresividad, convicción con intolerancia y liderazgo con confrontación. Un presidente tiene la responsabilidad de gobernar para todos los argentinos, no solamente para quienes lo votaron. La Argentina necesita transformaciones profundas, pero ninguna transformación será duradera si no construimos acuerdos. Nosotros cometimos ese error durante el gobierno de Mauricio Macri, y espero que esta experiencia sirva para aprender. Siempre creí que el verdadero liderazgo se ejerce desde la humildad, el servicio y la capacidad de unir a quienes piensan diferente. La confrontación puede ayudar a ganar una elección, pero nunca será suficiente para construir una nación. No necesitamos un país donde unos argentinos derroten a otros. Necesitamos un país donde todos podamos salir adelante juntos.
─¿Cómo está hoy su relación con Macri? ¿Qué le reconoce al gobierno del PRO y qué autocrítica cree que le falta hacer al espacio?
─Siempre voy a agradecerle a Mauricio las oportunidades que me dio de servir a mi país, especialmente desde la educación. Nuestra relación política cambió, pero mi gratitud permanece. El gobierno de Cambiemos fortaleció instituciones, recuperó vínculos internacionales e impulsó transformaciones importantes. Sin embargo, cometimos un error fundamental: no construimos acuerdos políticos amplios al comenzar el gobierno ni después del triunfo electoral de 2017. Creímos que podíamos transformar la Argentina solamente con nuestra fuerza. Nos faltaron humildad, diálogo y consensos. Esa autocrítica es indispensable si queremos aprender de nuestra experiencia.
Esteban Bullrich con Mauricio Macri, cuando eran ministro y jefe de Gobierno porteño, respectivamente. Foto: DyN.─¿Siente que la experiencia de la enfermedad cambió tu manera de mirar al adversario o al opositor?
─La enfermedad profundizó una convicción que siempre tuve: nadie es nuestro enemigo por pensar diferente. Cuando dependés de otros para absolutamente todo, comprendés que la vida se construye desde la confianza y la cooperación, nunca desde el odio. Aprendí a valorar todavía más la humildad y el perdón, dos características fundamentales del liderazgo espiritual. Podemos discutir apasionadamente nuestras ideas sin destruir a las personas. La Argentina necesita dirigentes capaces de reconocer virtudes en sus adversarios y errores en sí mismos. El odio nunca construyó una nación. El amor y el respeto sí pueden hacerlo.
─El año pasado habló de una posible candidatura presidencial, ¿eso sigue en pie?
─Hoy una candidatura está fuera de mis planes. Mi familia ya ha hecho enormes sacrificios y quiero dedicarles todo el amor y el tiempo que pueda. Pero eso no significa que haya renunciado a servir a mi país. Creo que se puede transformar la Argentina sin ocupar un cargo público. Mi libro Liderazgo espiritual es parte de ese compromiso. Quiero seguir promoviendo el diálogo, los acuerdos, la humildad y el perdón. La política fue una forma de servir, pero no es la única. Mi vocación de servicio sigue intacta.
Fuente: www.clarin.com



